Loveless es el segundo álbum de estudio del grupo My Bloody Valentine, una de las bandas más importantes dentro de lo que se conoce como shoegazer.
Este disco viene a sonar como si cogiésemos y mezclásemos a unos Cocteau Twins con unos Jesus & Mary Chain, es decir, los sonidos oníricos de los primeros más el nihilismo ruidista de los segundos. Y lo mejor es que les salió bien. Aunque para llegar a ese sonido, el álbum pasó por 18 ingenieros de sonido a lo largo de seis meses de grabación en distintos estudios, con sesiones de registro exhaustivas buscando el arreglo y la textura musical perfecta.
Después de eso, nos encontramos con un disco que es capaz de conjugar los ambientes más etéreos con los muros de sonido más sucios y cargados. Es la propia música buscando la belleza en el caos, la propia música buscando la perfección en la locura.
El esqueleto del álbum se compone de once canciones que se desarrollan bajo un esquema similar: base de batería, unos oníricos efectos electrónicos, y superpuesto a todo ello, los muros de guitarras afiladas, el ruido más lisérgico, y las voces de Bilinda Butcher, guitarrista y vocalista del grupo, algunas veces a coro con las de Kevin Shields, el otro guitarrista y alma mater de My Bloody Valentine. Es un disco que suena mejor en conjunto y oído del tirón, que no oyendo canciones sueltas. De esta manera, entramos en una especie de universo donde quedaremos aletargados casi sin darnos cuenta, de una manera hipnótica.
Decían que el pintor Paul Klee utilizaba una curiosa técnica pictórica: dibujaba primero lo que iba a pintar con el caballete al derecho, para luego, a la hora de colorear, darle la vuelta y pintar lo que en ese momento veía. Klee era sumamente racional a la hora de delinear los contornos de sus figuras, pero se entregaba a toda su fantasía lúdica a la hora de dar color. Lo que al comienzo había dibujado con tanta paciencia era felizmente arruinado posteriormente, salpicando con sus óleos, como un niño travieso.
Lo bueno, cuando es cuidadosamente derruido y distorsionado, aún mejor. Muchos lo habrán hecho o intentando con resultados más o menos felices. Nada fácil el sutil arte de tocar como Paul Klee o de pintar como My Bloody Valentine. Y es por eso que Loveless, por derecho propio, se ha ganado el título de clásico básico de los 90, siendo un álbum que además ha marcado e inspirado a varias bandas, y que no podrás olvidar fácilmente.
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